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¿Ciencia o ficción?
¿Ciencia o ficción?
Frente a una situación de fuerte estrés, el cerebro manda una carga emocional a determinado órgano del cuerpo y genera una respuesta física. Así se originan las enfermedades para los estudiosos de la terapia de decodificación biológica. Y según afirman, se curan una vez resuelto el conflicto. “Cuando comprendamos que las patologías son solo programas que pueden ser desactivados, enfermaremos mucho menos“, asegura el analista de sistemas argentino Enrique Bouron, quien entiende que el cerebro funciona con un mecanismo tan exacto como el de una computadora. De ahí que califique a este método como “concreto, lógico y racional”. 

Trabajaba en el rubro marítimo cuando se enteró de esta práctica en Canadá, donde vivió durante siete años. Ya había indagado en las terapias de regresión, pero esto lo cautivó particularmente, al punto de pensar que se había terminado el mundo tal como lo conocía, al salir de esa primera conferencia. 

La decodificación biológica, también llamada descodificación o biodecodificación, se basa en los postulados de la biología total sostenidos por el médico francés Claude Sabbah; que a su vez se asientan en las cinco leyes del funcionamiento de los seres vivos descubiertas por el alemán Ryke Geerd Hamer, impulsor de la Nueva Medicina Germánica. 

Este médico planteó, entre otros puntos, que todo cáncer se inicia con un shock o conflicto dramático vivido por la persona en soledad y percibido como algo muy grave. En un principio estable ció esta ley para el cáncer y después la extendió al resto de las enfermedades. 

La aplicación de tratamientos oncológicos bajo estos postulados le costó a Hamer la habilitación para ejercer la medicina en Alemania, además de haber sido detenido en España y pasado por la cárcel en su país y en Francia por práctica ilegal de la profesión. El caso de la niña austríaca Olivia Pilhar es uno de los más resonantes: la justicia obligó a los padres de la pequeña a retomar la medicina convencional, que había abandonado ante los resultados milagrosos que les prometía Hamer. 

Sabbah también tuvo que hacer frente a la inhabilitación de su título en Francia, pero –según Bouron– la justicia le devolvió el permiso tiempo después. El argentino tradujo al español los libros de Sabbah para aplicar la terapia en los países de habla hispana. Empezó por Argentina y luego se expandió a otros lugares, entre ellos Uruguay. 

Aquí brinda conferencias gratuitas, donde la gente se informa e intenta buscar una explicación a su enfermedad; y también dicta cursos pagos en el salón de un hotel para formar a futuros terapeutas. Ya no atiende consultas como en un principio pero insta a las personas que necesitan ayuda a asesorarse con sus alumnos. 

−¿Qué busca la decodificación? 

−Busca qué emoción fuerte que no supe manejar pudo haber generado una respuesta biológica. Si me diagnostican un adenocarcinoma estomacal, es fácil deducir que se trata de algo que mi cerebro está intentando digerir y no puede. Pero hay otros mensajes más sutiles y tenemos que encontrarlos. Decodificar es hallar la pieza que quedó escondida en el inconsciente y que llevó al cerebro a responder con tal o cual enfermedad. 

−¿Quiere decir que las enfermedades son ciento por ciento emocionales? 

−No. Si yo estoy cinco horas al sol habrá una respuesta biológica. Si me caigo de un árbol también; lo mismo si tomo veneno. Lo que yo busco es por qué tomé el veneno, por qué me expuse al sol de esa manera. Carl Jung decía que todo el universo se mueve por sincronicidad y en la decodificación biológica lo comprobamos todo el tiempo. Si hay una persona que sufrió una secuela en un accidente, voy a encontrar antes del accidente que lo que produjo la secuela es compatible con lo que ella está viviendo emocionalmente. El accidente es una excusa, un hecho sincrónico que se produce por una razón específica. La gente cree que todo es causa y efecto; eso existe en el universo de comprensión dual que los seres humanos hemos creado –“esto es bueno”, “esto es malo”, “a esto le tengo miedo”, “a esto no”– pero en el universo de nuestro cerebro, donde no hay juicio sino solo supervivencia, dominan las sincronicidades. 

−¿Un mismo estrés repercute de igual manera en todas las personas? 

−No todos respondemos de la misma manera, sino que lo hacemos sobre la base de la información genética. Hay personas que mandan las emociones a la vista, otras a los dientes y otras a los oídos. Eso viene informado en nuestro ADN: además de los rasgos, el color de ojos, de piel, de cabello; también vienen los conflictos no resueltos y las respuestas biológicas. 

−¿Por qué dice que hay que comprender la enfermedad en vez de combatirla? 

−Estamos acostumbrados a combatir los síntomas porque les tenemos miedo. Pero en realidad debemos entender por qué los tenemos. El dolor me impide comer, y quizás el cerebro quiere que evite alimentarme en ese momento. Si me sale una ampolla en el pie, lo que me dice es que no pise. Tengo que comprender el mensaje que me envía. Cuando entiendo la razón, desarmo el estrés y ya no tengo miedo. 

−¿Cómo se comprende una enfermedad? 

−Eso es lo que enseño en el curso: cómo funciona cada sistema y qué representan para el cerebro. Cada parte del cuerpo tiene un símbolo: si yo sufro un conflicto de carencia muy fuerte, sea de dinero, amor o paterno, el cerebro va a preguntarse quién se ocupa de las carencias. Y va a concluir que es el hígado, el órgano que mide el stock. Entonces mandará la respuesta biológica allí para que yo comprenda lo que viví. Si tengo un conflicto de sumisión, mandará la respuesta a mis rodillas, y ahí tendré que preguntarme a qué y a quién estuve sometido. El cerebro es una computadora, nada más. 

−¿Qué herramientas tiene a la mano el decodificador? 

−Existen muchas. A mí me gustan los ciclos biológicos celulares memorizados. Una mujer dispara un cáncer de mama a los 40 años, entonces le voy a preguntar qué le pasó a los 8. No es que sea adivino sino que busqué una división por números primos, y siempre utilizo los tres primeros –2, 3 y 5–. Las personas repetimos nuestras emociones de manera cíclica sin darnos cuenta. El hijo de esta mujer está internado y ella teme por su supervivencia, una de las formas más comunes de hacer un cáncer de mama. Para que el cerebro dispare cierta respuesta, tiene que saber cómo hacerlo, ya que no conoce sino que reconoce. Resulta que a los 8 años el perro le destrozó la muñeca, que para ella era su bebé. El cerebro tomó nota de ese estrés y a los 40, cuando su hijo (su bebé) está en una situación de supervivencia, va a mandar la respuesta que aprendió de chica. 

−¿Es posible evitar el impacto de determinado estrés? 

−Hay dos maneras. Una es el desapego total, es decir, comprender cómo funcionan los animales, que no están aferrados a un universo tan complicado como el humano. Pero si alguien lo logra, que me pase la fórmula. La forma más simple de evitar una enfermedad es diciendo lo que se siente, cuando se siente. Lo comprobé personalmente: una vez casi me ahogo haciendo rafting en Mendoza. Apenas salí de esa situación extrema y recuperé un poco el oxígeno, agarré a una persona y le confesé que había tenido muchísimo miedo de morir ahogado. Si no lo hacía, sabía que tendría una respuesta biológica. 

−¿Quién comprende la enfermedad se cura; así de simple? 

−Solo si la comprende y está listo para solucionarla. Hay mucha gente que no quiere curarse, o no le conviene. Sabe que tiene un conflicto particular pero si lo resuelve es consciente de que perderá a su pareja o lo echarán del trabajo. Entonces se queda con la enfermedad. Cuando una persona sale de la consulta, al llegar a su casa debe tomar una decisión, pero yo no puedo hacerlo por ella. 

−¿Se han curado de cáncer? 

−Sí, muchos. 

−¿Y de Alzheimer? 

−También. Ahí hay que buscar en la persona dos conflictos de separación brutal; algo que haya vivido como una separación muy fuerte. 

−¿Todas las enfermedades están decodificadas? 

−No, las más raras no están decodi ficadas. Yo tengo un libro con un resumen de las enfermedades encontradas hasta ahora, que solo pueden adquirir los que terminaron el curso para evitar que alguien pueda improvisar de terapeuta. 



Línea delgada 

−¿Le da pudor aplicar esta terapia sin tener título de médico o psicólogo? 

−No. Soy muy claro en las conferencias. Lo primero que digo es que no soy médico ni pretendo serlo. No recibo personas que no traigan un diagnóstico médico, y si están bajo tratamiento, deben continuarlo. Esto es complementario. Mientras la medicina se ocupa de la enfermedad y del síntoma, yo busco el origen emocional. 

−¿No es lo que hace la psicología? 

−La psicología no busca en lo biológico y ahí pierde tiempo. Esta terapia les proporciona a los psicólogos un atajo para encontrar el problema de un paciente. 

−¿Qué pasa con la psiquiatría, que sí se ocupa de la biología? 

−La psiquiatría maneja el síntoma con medicación. A una persona con esquizofrenia va a tratar de corregirla, no de comprenderla. 

−¿Está al tanto de que el precursor a nivel internacional estuvo preso en varios países por ejercer esta práctica para curar el cáncer? 

−Sí. Hamer fue condenado del mismo modo que le dispararon dos tiros en el parabrisas, entre otros episodios. Algunos aseguran que fue porque él le dijo a un paciente que no continuara el tratamiento médico. A mí entender, jamás podría haber dicho eso. 

−El grupo suizo de Estudios sobre Métodos Complementarios y alternativos para el Cáncer lo considera peligroso porque induce al paciente a una falsa expectativa. 

−Yo me apoyo mucho en la Universidad pluridisciplinaria de Trnava, en Bratislava, Eslovaquia, que verificó el 11 de setiembre de 1998 el descubrimiento científico del Dr. Hamer. Además, les tengo miedo a muchas instituciones que dicen un montón de cosas. Te recomiendo que consultes en Youtube un video titulado El márketing de la locura, para que la gente sepa quiénes son los que estuvieron tratando de perseguir a Hamer. 

−¿Quiénes? 

−La industria farmacéutica. 

–¿Posee otro aval además del que cita de esa universidad de Eslovaquia? 

–El resultado. Además de las leyes de Hamer, que son impecables; lo compruebo todos los días. Quienes están en contra dicen que no están probadas, pero la práctica me da la razón. Cuando una persona tiene determinada enfermedad, yo le pregunto si le pasó tal cosa y me dice que sí enseguida, ya queda comprobado. Nunca va a estar avalado por una institución internacional como la Organización Mundial de la Salud, que está totalmente gobernada por los laboratorios farmacéuticos. Tampoco en las universidades de Medicina de Canadá, donde sucede lo mismo. 

−¿Teme sufrir acciones legales en su contra por aplicar esta terapia? 

−No particularmente. Yo no soy quien da el diagnóstico médico y si la persona no sigue un tratamiento no lo atiendo. Claro que si fuma cuatro paquetes de cigarrillos por día no necesito que vaya al médico para decirle que sufre de tabaquismo. Soy consciente de que esto es controvertido, pero en biología total no adherimos a muchos parámetros de la Nueva Medicina Germánica. Yo cito a Hamer porque sus leyes son correctas. 

−¿Puede generarle una falsa esperanza a un enfermo terminal? 

−Yo no le doy esperanza a nadie; le digo “vamos a ver qué podemos hacer”. Sé perfectamente que no puedo darle esperanzas porque incluso el propio Hamer dice que hay un momento en que la enfermedad ya no tiene retorno. Yo decodifico y voy a encontrar el origen, pero la persona tiene que seguir con su tratamiento. 

−Existe una expansión de terapias alternativas, que les abre las puertas a profesionales capacitados pero también a quienes se aprovechan de la gente. 

−Es cierto. Una de las grandes preocupaciones que tenía cuando empecé era que esto pasara por una charlatanería o una chantada. Mi misión era mostrar que es muy racional, además de diferente a lo que se conoce porque el resto no se concentra en el por qué. 

−¿El mundo está muy enfrascado en la medicina tradicional para abrirse a las terapias alternativas? 

−Muchas son discutidas. Lo fue la osteopatía pero con el tiempo se demostró que era mucho más efectiva que la quiropraxia. Es normal que eso suceda. 

−Es que la línea entre lo beneficioso y lo perjudicial es delgada. 

−Cuando das una terapia y reemplazás a la medicina es peligroso. Nosotros tampoco nos encargamos del cómo de la enfermedad, analizamos el por qué. Después el cerebro hace el trabajo pero jamás digo que dejen de tomar el remedio. Yo mismo tomo medicamentos, y además busco el conflicto. 

−Si le dice a las personas que continúen su tratamiento, ¿cómo comprueba si se curaron por su método o por la medicina convencional? 

−Mientras se curen, no me interesa. Además, la diferencia estadística entre los que se curan habiendo decodificado y los que no, es enorme. Es justo que se escuchen todas las campanas, pero no que se golpee sin fundamentos. Si alguien pasó por encima de un tratamiento, merece estar en manos de la justicia. Yo no hago eso, me parece peligrosísimo.


Autorización 
–¿Cuenta con la autorización de alguna institución sanitaria o universidad para dictar los cursos? 

–Estamos trabajando en eso. Se está redactando un proyecto de ley en Argentina para avalar esta terapia. En Uruguay, mis alumnos crearon una asociación de investigación y decodificación biológica para tramitar la personería jurídica y armar todo legalmente, como corresponde.
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