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Kabbalah
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Literalmente, cábala o kabbalah -palabra que deriva del hebreo- significa recibir. El diccionario de la Real Academia Española indica, como primera acepción, conjetura, suposición. Luego la define de otras maneras. Primero, en base a la tradición judía, dice que “es un sistema de interpretación mística y alegórica del AntiguoTestamento”. Segundo, la detalla como “un conjunto de doctrinas teosóficas basadas en la Sagrada Escritura, que, a través de un método esotérico de interpretación y transmitidas por vía de iniciación, pretendía revelar doctrinas ocultas acerca de Dios y del mundo”. 

Hace cinco mil años que existe, aunque solo hace unos cientos dejó de ser potestad de algunos pocos sabios para abrirse a nuevos fieles. Ese proceso de expansión comenzó de la mano de Rav Áshlag, uno de los kabbalistas más trascendentes del siglo XX, fundador en 1922 del Centro de Kabbalah en Jerusalén. La decisión de Áshlag permitió que esta sabiduría universal pudiera ser estudiada y practicada por cualquier persona independientemente de su credo. Así fue que siguiendo esta tendencia a finales del siglo XX figuras estelares como David Beckham y su esposa Victoria, Demi Moore, Ashton Kutcher, Paulina Rubio, Paris Hilton, Mick Jagger y Madonna la reina del pop, se confesaron adoradores de este conocimiento. 

Hoy el centro cuenta con 40 filiales en los cinco continentes y millones de estudiosos anónimos. Yigal Kutnovsky, uno de los responsables de que este saber llegara a Latinoamérica, es el coordinador de un grupo de estudio en Montevideo y Punta del Este. Semanas atrás visitó Uruguay para dictar una charla y PAULA lo entrevistó para conocer qué conserva el kabbalah de su tradición milenaria y qué profesa en el siglo XXI. 

–Para los que aún no se iniciaron, ¿qué es kabbalah? 

–Es un conocimiento que describe el origen de la creación y de las leyes físicas y espirituales del universo, que antecede a la Biblia y puede ser estudiado por cualquier persona. Se podría comparar con los órganos del cuerpo humano: cada uno tiene una función específica, pero solo el conjunto de ellos explica y produce un cuerpo funcionando. De igual modo pasa con el universo, cada ser humano es único en sí mismo, y a la vez cada uno tiene algo para dar al gran cuerpo que se llama humanidad. 

–¿Es una religión? 

–No. Es un conocimiento que tiene 5775 años. Fue Abraham, patriarca del judaísmo, semilla del cristianismo, padre del islam, el primer hombre en dar cuenta que el universo entero está interconectado. Fue el primer monoteísta que nos dejó El Libro de la formación en donde se explica que el universo es uno solo y que dios es como el universo. Es lo mismo que nos dice la física moderna en un nivel subatómico, por eso todos los seres humanos estamos conectados. Hay que observar que miles de años atrás Abraham nos decía que si la persona sabe cómo conectarse con esa unicidad, es decir con ese nivel cuántico, puede mejorar la calidad de su vida. Eso es kabbalah, recibir. Es conocimiento, es sacar lo mejor de cada uno y darlo a los demás. 

–¿Cuál es el rol del judaísmo en el kabbalah?

–No se puede entender el judaísmo, como tampoco el cristianismo, sin el kabbalah. Muchas de las interrogantes cristianas, judaicas e islámicas están basadas en el concepto que dice ama al prójimo como a ti mismo. Cada uno lo interpreta de forma diferente porque cada persona tiene que encontrar el amor dentro de sí para luego dárselo al otro. 


Amuletos y escrituras 

Rav Abba, cuya existencia se ubica entre finales del siglo I y II de la era cristiana, fue el responsable de escribir las enseñanzas que impartían oralmente los maestros que le precedieron. Cuenta la historia, que Rav Abba dominaba el lenguaje abstracto, la metáfora y las parábolas lo cual era perfecto para mantener los secretos milenarios a salvo de quienes quisieran aprovecharse de ese antiguo poder. Ese texto, escrito originalmente en arameo y traducido a varias lenguas, es el Zóhar o Libro del Esplendor. "Fue escrito hace 2.000 años y recopila el conocimiento universal desde Abraham hasta este momento. En tiempos medievales fue definido como la madre del kabbalah.

Allí se encuentra información sobre la Tierra, los polos, la noche, el día; hasta describe qué paso antes del Big Bang y detalles sobre el cuerpo humano, sus órganos, y también algunas enfermedades. Todo eso y más se encuentra en este libro”, sentencia Kutnovsky con un ejemplar en la mano. 

Otra de las prácticas que distingue a los kabbalistas es la cinta roja en la muñeca izquierda. Lo que para muchos es superstición, para estos estudiosos es una práctica antiquísima que se utiliza para protegerse contra el mal de ojo, o lo que es lo mismo, contra las energías negativas procedentes de miradas hostiles, envidiosas y malintencionadas. Según se puntualiza en la web del centro al que pertenece Kutnovsky, el kabbalah enseña a eliminar esas influencias desfavorables y a convertir el “poder del ojo” en un instrumento de sanación. “Mis maestros Rau Berg y Learen Berg siempre decían que hay una religión de los constructores y otra de los destructores, así que no es tan importante quién eres o cuáles son tus creencias. Si la persona está haciendo acciones de bien a su familia, a su país, al mundo, está construyendo. Eso es lo que cuenta entre la tradición y el presente. Puedes ser ateo, no creer en nada, y estar afín con estas ideas. Desgraciadamente en nombre de dios, el Corán hay muchos que están dispuestos a matar sin contemplar a otros seres humanos. El conocimiento no sirve de nada si no me convierto en una mejor versión de mí mismo”. 

–¿Qué hay que hacer para ser una mejor persona? 

–Salir de nuestra zona de confort, mucha gente dice soy buena persona, no robo, no mato a nadie, por qué me pasa esto. El punto es que muchas veces buscamos solucionar los problemas para nosotros, pero paradójicamente si ayudamos a los demás podemos hacer algo mejor aún. Se puede lograr sonriendo, diciendo una buena palabra, dando tiempo de calidad, dinero o mis talentos. Solo asistiendo a los demás encontraremos respuestas y verdades de nosotros mismos. 

–Otras prácticas místicas profesan lo mismo, ¿diría que el kabbalah se actualizó para comunicar mejor sus secretos? 

–Esto se llama ofrecer el vino antiguo en una botella nueva. 

–¿Por qué se inició en esta sabiduría? –Empecé porque mi mamá me llevó a un evento. –¿a partir de qué edad cree que se está preparado para estudiar esta sabiduría? 

–Desde los cinco años en adelante. En el Centro de Kabbalah estamos trabajando con adultos de todo el mundo y también impartimos enseñanzas espirituales para niños. Desde 1999 tenemos proyectos en escuelas públicas de Estados Unidos, México, Panamá, Bolivia y también en territorios palestinos. Hacemos manualidades, dinámicas lúdicas y dictamos clases que pueden descargarse gratis desde la web. 

–¿Qué temas tocan? 

–Para empezar enseñamos a escoger. Porque los niños se meten a la droga, al sexo, al alcohol, a la delincuencia; sobre todo los menos privilegiados que buscan pertenecer a algo. Como desgraciadamente no tienen familia nosotros les damos esa atención que necesitan y les enseñamos a elegir, a conocer qué es lo más positivo y productivo para sus vidas. Hay estadísticas que demuestran que los chicos mejoran, en lo psicológico sobre todo, porque han encontrado un espacio y algo mejor para sí mismos sin ceder su vida a otras personas. 

–¿Cuánto tiempo de aprendizaje demanda el kabbalah? 

–No hay tiempo, aunque por supuesto tenemos un sistema de introducción y la persona puede escoger el que quiera. Hay quienes eligen investigar toda la vida. Cada uno elegirá lo que necesita de acuerdo a sus deseos. 

–¿Qué respuesta da el kabbalah a la búsqueda de bienestar y existencia plena? 

–Muchos hoy en día creen que el bienestar está relacionado con obtener buenos resultados económicos. Puede ser ganando más dinero, siendo CEO de una compañía, presidente de un país o millonario. No estamos en contra de eso, al contrario, pero sí pensamos que solo con el dinero, con la posición de la carrera, con el poder o la fama, no se logra la plenitud. Se ve esto en personas que habiendo alcanzando increíbles logros, terminan de forma inexplicable, como pasó con Michael Jackson u otras tantísimas figuras políticas o del mundo empresarial, que pese a que obtuvieron tanto en la vida, aparentemente no encontraron lo más importante. Eso es lo que nos enseña el kabbalah a crecer económicamente y a conectar también con la realidad infinita que existe en todo. Eso hace la diferencia entre una casa bonita y un hogar; entre un matrimonio solo con papeles y otro que tiene amor y amistad en la pareja, es más, se puede tener hijos y no conocerlos realmente. Eso es lo que hace la diferencia en la vida. 

–Los kabbalistas más ortodoxos manifestaron tiempo atrás su temor ante la banalización del conocimiento. En los 90’ alcanzó con que Madonna confesara ser parte del movimiento para que se popularizara, ¿usted qué opina al respecto? 

–La traducción del Zóhar a varias lenguas ya señala la intención de transmitir el conocimiento. Ahora bien, la razón por la que en el siglo XX y XXI se llega cada vez a más personas es simplemente porque es el tiempo. Las personas resolvieron profundizar en el conocimiento y listo, y Madonna, que adoptó esta sabiduría a comienzos de la década de 1990, todavía al día de hoy la práctica. Ella asume causas humanitarias, apoya escuelas y grandes proyectos de caridad en África por ejemplo. Ojalá más gente aprenda la profundidad del kabbalah como lo hizo ella. Ojalá tengamos más personas que se dediquen así a la caridad. 

–¿Qué hace que este conocimiento místico sea más interesante que otros? 

–¿Quién soy yo para comparar? No me atrevo a decir somos más interesantes o importantes; de ninguna manera. Lo que sí puedo recordar son las palabras de mi maestro que decía que cada persona debe encontrar su camino. Eso es lo importante en nuestra sociedad, encontrar una casa, saber dónde está mi hogar. La gente está confundida, no sabe hacia dónde va. No importa si la casa es el cristianismo, el budismo o el kabbalah. Lo que importa es que le dé algo positivo para sí mismo, para su familia y para su comunidad.

Para profundizar se puede visitar la web https://universidad.kabbalah.com o contactar con los practicantes escribiendo a uruguaykabbalah@gmail.com

Yigal Kutnovsky nació en Rusia y en la infancia emigró junto a su familia a Israel. Tiene 46 años, está casado y tiene tres hijos. Después de muchos años de instrucción, se involucró con el Centro de Kabbalah en Ciudad de México, donde ayudó a que este conocimiento llegara a miles de personas en Sudamérica. También colaboró en la formación de grupos de estudio en Estados Unidos y en Costa Rica.
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